Reseña: Una Guerra Brillante

Una Guerra Brillante se estrenó el 30 de enero en las carteleras de nuestro país. Nosotros ya la vimos y te contamos nuestra opinión.





George Westinghouse (Michael Shannon) y Thomas Edison (Benedict Cumberbatch) se sumergen en una competencia para determinar el tipo de trasmisión de electricidad que resultará más rápida y efectiva, en la naciente era moderna estadounidense. Estrenada en el 2017 en el festival de cine de Toronto y dirigida por Alfonso Gómez-Rejón (Glee, American Horror Story, Me and Earl and the Dying Girl), su llegada a las salas comerciales se retrasó debido a las acusaciones contra uno de los productores ejecutivos, Harvey Weinstein. 

La historia basada en el siglo XIX en las ciudades más importantes de Estados Unidos, se centra en el conflicto entre dos de los inventores más famosos de los últimos siglos y sus allegados y simpatizantes, quienes compiten por vender sus sistemas de trasmisión eléctrica –alterna y continua, respectivamente—. Una guerra centrada en el poder que pasa sin pena ni gloria, el filme no toma riesgos en casi ningún aspecto. Quizá lo más resaltante fueron dos cosas: el cast –conformado por actores de gran trayectoria y popularidad— y algunos aspectos del montaje, rememorando al entonces naciente quinetoscopio, origen de lo que hoy podemos llamar películas.


Si bien la cinta contiene una propuesta que pudo haber sido explotada enormemente –no solo por el componente histórico, sino también por el aspecto inventivo de aparatos que hoy cumplen un rol primordial en nuestras vidas—, el director tejano falla en consolidar su objetivo, haciendo de Una Guerra Brillante poco memorable, entretenida por momentos, pero al fin y al cabo intrascendente. 


La película comienza a decaer a partir del primer plot point, volviéndose repetitiva por escenas, regresando a puntos que ya habíamos visto varias veces y que no añaden nada nuevo. Los personajes de Thomas Edison y George Westinghouse resultan, en la mayoría de sus apariciones, planos y unidimensionales, generando poca empatía con el espectador, salvo por algunos momentos empapados de sentimentalismo que no encajan del todo con la trama. Asimismo, los personajes no parecen seguir un propósito claro y, más bien, el hilo narrativo queda reducido a una meta superficial, donde la inteligencia de Thomas Edison y la grandeza de Nikola Tesla quedan minimizadas por sus crecientes egos. Incluso, me atrevería a decir que la presencia de Tesla no parece tener una finalidad, salvo por motivos históricos, ya que se convierte casi en un accesorio cuyos minutos en pantalla se reducen a la elección de un bastón.



Por otro lado, la fotografía de Chung Chung-hoon no se adapta a la esencia de esta producción. El cinematógrafo surcoreano posee un estilo característico, marcado por esa perspectiva visceral que le hizo colaborar múltiples veces con Park Chan-wook. En Una Guerra Brillante, se pierde la utilidad de sus planos, haciéndolos ver innecesarios y hasta tediosos por la cantidad en que se usaron. 

En general, puede decirse que Una Guerra Brillante es un filme de oportunidades perdidas, como una mezcolanza de profesionales cuyas participaciones en producciones anteriores les resultaron más destacables que este drama histórico, el cual corre el peligro de ser recordado más como un video instructivo que como lo que el director le apuntaba a ser.

Una Guerra Brillante llega a los cines peruanos el 30 de enero.


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