“Sí mi amor”: otro tipo de multiverso

El 23 de enero se estrenó en las salas de la capital la película peruana “Sí mi amor”, protagonizada por una de las parejas más queridas, y probablemente duraderas, de la televisión peruana: Yiddá Eslava y Julián Zucchi. Los ex-Combate, quienes hace ya un tiempo se distanciaron de la televisión para impulsar sus proyectos artísticos individuales y como pareja, decidieron dar el gran salto a la pantalla grande y – aseguran – fueron hasta el punto de hipotecar su vivienda para hacer realidad su proyecto audiovisual.




La película cuenta la historia de Beatriz y Guillermo, una pareja de novios que viven juntos desde hace seis años. Una noche, mientras su pareja duerme, Beatriz lee en su celular unos mensajes de Whatsapp de una ex novia con contenido comprometedor. Ella asume una infidelidad y con el pasar de los días la relación se viene abajo, ella sumida en la desconfianza, y él en sus remordimientos. La aparición de un antiguo crush de Beatriz y de una nueva chica en la vida de Guillermo llevan la situación de la expareja a puntos críticos donde se pone a prueba si realmente desean seguir uno al lado del otro, o si su relación fue lo que suelen ser la mayoría de relaciones: un asunto pasajero.

Lo notable de esta producción es, sin lugar a dudas, las múltiples dimensiones que la relación de Yiddá y Julián ha adquirido, tras ambos animarse a profundizar y perpetuar el contenido que más han promocionado durante su trayectoria artística. Ambos llevan años produciendo material audiovisual de carácter humorístico acerca de situaciones cotidianas que suelen atravesar las parejas enfrascadas en el idilio monógamo (no, no estoy diciendo nada en contra de la represiva estructura religiosa de la monogamia, por favor, no lo llevemos por ese lado). Esta película no es sino la prolongación inevitable del arte que realizan, el siguiente paso en su ampliamente difundida y marketeada relación pública, quizá también la culminación de un multiverso de Yiddás y Julianes, de Beatrices y Guillermos, y seguramente de muchos peruanos y peruanas que ven sus dilemas amorosos reflejados en la historia que “Sí mi amor” lleva al cine. 




Es definitivamente aplaudible la iniciativa que ambos han tenido para impulsar estratégicamente su producto en un momento en el que no solamente gozan de gran popularidad en redes, sino también en el que su relación representa precisamente una suerte de utopía urbana de relación sentimental de pareja, una relación que no es perfecta pero cuyas imperfecciones son tiernas y deseables; frente a las también mediáticas relaciones de Pedro y Claudia o de Christian e Isabel, quienes representan la contraparte real de las relaciones sentimentales que hoy por hoy parecen ser la regla general. El efecto de simplificar el enfoque del producto hacia el contenido ya presentado, sumado a la construcción de una historia cómica y de un discurso aleccionador sobre la importancia de la comunicación entre las parejas, definitivamente cumplen el trabajo de consolidar a Yiddá y Julián como el dúo romántico ideal de la sociedad peruana.




Sin embargo, no es posible hablar con entereza de un producto cultural si no se expone a su vez sus características como elemento artístico, ciñéndonos a una suerte de lineamientos que garanticen que cualquier obra de arte penetre más allá de lo anecdótico y llegue al fondo de la consciencia de una persona, lugar donde se depositan los aprendizajes, las incomodidades y las transformaciones en general que el arte está destinado a generar en el espectador. Y es ahí donde lamentablemente no se siente que cumple del todo la película. La misma naturaleza de la cinta, basada en un contenido preexistente y en un código de humor diseñado para formatos cortos, limita sus posibilidades reales de trasgresión y evita que su mensaje, definitivamente útil en un sentido ético y diseñado con todo el amor del mundo por los realizadores de la película, llegue a donde debe llegar. No es un problema de que el humor opaque lo importante, sino de que las escenas, unidades del relato que concatenan el discurso, se encuentran unidas por vínculos muy endebles, sostenidos únicamente por la posibilidad de lograr que la siguiente escena sea tan graciosa como la anterior, lo cual probablemente resulte fácil a la hora de realizar un video en Facebook de tres a cuatro minutos, pero que extendido a dos horas puede resultar agotador para el espectador. Como resultado, no es posible entender en algunos momentos qué está sucediendo, o qué está queriendo hacer el personaje en pantalla; las escenas carecen de proceso, porque es más importante sostener el código. El guion tiene que adaptarse a la fuerza al código. En consecuencia, la película es dependiente del humor. A la fuerza.




La participación de estrellas como Andrés Salas, Pietro Sibille y la diva argentina Moria Casán aportan mucho a la película proveyendo momentos orgánicos y personajes carismáticos y entretenidos para el público. En sí, la película es un gran éxito en términos comerciales y de creación de contenido; definitivamente Yiddá y Julián han logrado construir una imagen positiva sobre lo que una pareja es capaz de hacer si se sostiene mediante un compromiso auténtico. En términos cinematográficos, definitivamente hay trabajo por hacer. Con todo, es aplaudible el resultado y esperamos que consigan recuperar su casa tras el esfuerzo realizado.

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