"La Cantera": Otra vez, ese Dilema


Vimos La Cantera, película peruana que se estrenará el 19 de marzo. Acá te contamos nuestra opinión. 




En las canteras de sillar de Arequipa se cuece un complot. Sus paredes de tonalidades arcillosas parecen emitir gritos de furia y frustración. Los gritos llegan a los oídos de Juan. Sabe que quien los pone en el aire no es el sillar. No, esa es la voz de su padre. Juan apura el paso. No quiere que se enfríe el almuerzo que le trae desde la ciudad, pero también sabe que algo anda mal. Un poco antes de llegar se cruza con un tipo que viene en dirección contraria. El hombre se limpia la ropa y las manos, llenas de tierra. Este se detiene un rato; parece reconocerlo. Sin embargo, retoma el camino. Al poco rato Juan encuentra a su padre. Está muerto. En las canteras de sillar de Arequipa ahora retumban otros gritos; gritos de rabia e impotencia, el lamento de un hombre herido en el alma.

Así empieza “La Cantera”, película peruana realizada en Arequipa y dirigida por Miguel Barreda Delgado. Producido por Vía Expresa Cine y Video, en la película se reúnen destacados actores locales como John Dávila y el debutante Carlos Rudas Apaza, así como a Andrea Pani Laura, actriz peruana residente en Alemania. Junto con Arcadio Ramos (que en paz descanse), Miguel Carpio, Enrique Casella y Miguel Almeyda se conforma un elenco que solidifica este drama universal de la venganza acontecido en el área rural del Perú, un lugar recóndito tanto para extranjeros como para los propios peruanos.




La particular geografía de las locaciones elegidas para las escenas de esta cinta, muchas de las cuales ocurren en las mismas canteras, presentaron un reto para la dirección de fotografía que fue bien aprovechado para componer tomas de gran riqueza visual. Estas gigantescas prisiones de piedra maciza, exentas de cualquier forma de vida que pueda dar dinamismo y movimiento a sus suelos y paredes, encuentran la belleza en la complejidad de sus figuras, contornos y texturas. En las escenas de ciudad, por el contrario, destacan las tomas que profundizan en las expresiones de los personajes, y la decisión de dar espacio a cada uno de ellos en la pantalla es una decisión que se prueba acertada una vez el espectador descubre el más importante detalle acerca de esta cinta.

Una de las cuestiones más resaltantes de esta producción audiovisual local es la elección del cast, que sin duda fortalece el acercamiento propuesto por el director hacia la verdadera experiencia  de las personas que viven en estas áreas del Perú. La expresión física de los actores, añadida a sus rasgos corporales y a elementos complementarios como los acentos y la posibilidad de representar expresiones culturales locales (composiciones de música andina, rituales de entierro, jergas, etc.) posibilitan hacer de esta historia una historia visual y socialmente más creíble. Si bien no se trata de actuaciones del tipo Del Barrio o Tondero, la sobriedad de su discurso es el mejor recurso y resulta muy bien utilizado para que el espectador no pierda la concentración en la narración. Lo único que podría considerarse juega en contra de tal propuesta es la falta de ritmo y la laxitud de ciertos momentos, que sin embargo no constan un motivo de desacreditación para el tremendo trabajo de estos actores interpretando una historia de tal calibre.




Pero, ¿cuál es “el más importante detalle” del que hablaba al comienzo? Para dar con ello, hay que analizar la historia (no leas más allá de este punto si no deseas spoilearte). Juan descubre que su padre ha muerto. Su tío, Carlos, quien ha estado teniendo una relación secreta con Gabriela, su madre, se muda a la casa a vivir con la aceptación de Gabriela. Pronto Juan llega a la deducción lógica de que Carlos tuvo algo que ver con la muerte de su padre. El descubrimiento lo sume en la ira y el rencor, al punto de decirle a Otilia, su enamorada, que ya no la ama. Ella se suicida (en “La Cantera”, solamente lo intenta). Pero a Juan ya no le importa nada. En su cabeza solamente resuena una pregunta: ¿vengar o no vengar? ¿Matar o no matar? ¿Ser, o no ser? Ese es el dilema.


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