“Dune”: un nuevo y emocionante viaje hacia las estrellas

Una de las principales riquezas de esta épica novela intergaláctica son las múltiples capas narrativas que se entretejen y que resultan muy cercanas unas a otras a pesar de la vastedad del universo en el que transcurre la epopeya. 



“El mundo se divide en dos clases de personas” es una de las frases favoritas de la era del meme. Dependiendo de quién seas, determinarás cuáles son los grupos que conforman estas divisiones: ricos y pobres, izquierda y derecha, gente que le gusta la pizza con piña y gente a la que no, gente que pide wantan y gente que pide sopa. Podrán llamarme aguafiestas, si así lo desean, pero una de las divisiones más resaltantes es, en la opinión de este humilde columnista, la que existe entre opresores y oprimidos; entre unos que buscan tomarlo todo, y entre otros que luchan por conservar lo propio. Y en medio de este eterno conflicto, unos pocos son llamados a brillar y a convertirse en la gota que colma el vaso y provoca el colapso del paradigma. Este es, en términos muy generales, el eje de la última cinta de Denis Villeneuve, “Dune”, basada en la novela de ciencia-ficción de Frank Herbert del mismo nombre. 

Paul Atreides es el heredero de la Casa Atreides, una poderosa dinastía intergaláctica que, al comienzo de la historia, es designada por el emperador como la nueva colonizadora del planeta Arrakis. Este planeta es un interminable desierto, sacado probablemente de lo que para muchos sería una terrible pesadilla; hordas de guerreros aparentemente sanguinarios y barbáricos que se esconden entre las dunas y gigantes larvas de arena convierten al planeta en un lugar al que difícilmente se le podría llamar “hogar”. Sin embargo, este planeta es también la única fuente conocida en el universo de “la especia”, una sustancia que no solamente tiene propiedades altamente beneficiosas para los humanos y efectos alucinógenos, sino que además es esencial para viajar a través del espacio, lo cual la convierte automáticamente en la sustancia más solicitada del universo. Los Atreides, colocados súbitamente en una posición de enorme poder, son también sujetos muy inteligentes e intuitivos, y no les toma mucho tiempo concluir que hay, en algún punto de esta concesión, gato encerrado. Como verán, no pasa mucho tiempo antes de que estas sospechas se conviertan en realidad.




Una de las principales riquezas de esta épica novela intergaláctica son las múltiples capas narrativas que se entretejen y que resultan muy cercanas unas a otras a pesar de la vastedad del universo en el que transcurre la epopeya. No solamente se trata de una pugna de poder entre dos acaudaladas facciones sobre un recurso infinitamente valioso, sino también de las múltiples luchas de aquellos que se encuentran en medio de esta contienda y, en mayor o menor medida, tiran para su propio lado. Como en toda gran historia, son muchos los actores involucrados, y muchas más las intenciones subyacentes que intentan, ya sea con cautela o de forma inescrupulosa, de llevar a cabo. En consecuencia, en “Dune” confluyen una gran cantidad de intenciones mutuamente excluyentes y muchas otras que no lo son; y los portadores de dichas intenciones son personajes de inmenso poder, habitantes de un universo en el que la mera voluntad de un individuo puede someter sistemas planetarios enteros. Por otro lado, resalta también la visión mesiánica del autor sobre Paul Atreides. Si, hemos escuchado muchas veces (tal vez un poco demasiadas) historias sobre “El Elegido”, “El Niño que Vivió”, “El Legítimo Heredero”... Hoy en día, luego de tantas versiones sobre este mismo arquetipo, cualquier creador debe andar con cuidado para no tropezar con estas reliquias (o ruinas) del pasado. Sin embargo, y a pesar de que no hay muchas características que distingan a Paul Atreides del resto de “Elegidos”, “Dune” desarrolla y sustenta con éxito la propuesta de convertir al protagonista de la historia en un personaje sin cuya existencia el universo se echaría a perder para siempre. ¿Cómo lo logra? Colocándolo al medio de todas aquellas intenciones subyacentes, en el camino del objetivo de todos los demás.

Y ahora, una cuestión que resulta elemental: ¿es “Dune” una cinta que se puede disfrutar sin haber leído el libro? La respuesta es un contundente SÍ. Se trata de una pieza cinematográfica que resalta los aspectos que, según los lectores, hacen resaltar al libro. Ubicaciones fantásticas, pero también identificables. Un sistema feudal interplanetario. El dúo de Timothee Chalamet y Zendaya. Batallas épicas y violentas. Una nueva estética, una nueva propuesta del tan ansiado sueño humano del viaje a las estrellas. Hay quienes dicen que si no eres fan de la ciencia ficción en el cine será una cinta complicada de ver. Puede que tengan razón, dependiendo de la atención que uno pueda poner a los rápidos sucesos, relaciones interpersonales y a la constitución e infraestructura de este universo futurista y distópico; y aun así este reinicio de la saga (recordemos que en 1984, David Lynch filmó la misma película, con resultados mucho menos alentadores) es una constelación de conflictos que hace imposible estancarse en la sola evaluación de la estética y de lo fantástico.




Lima Vaga recomienda “Dune” sin dudarlo un instante. Me atrevo ahora a arrojar la siguiente cuestión a las aguas de la polémica: ¿es “Dune” el “Star Wars” de la época? No me extrañaría encontrar a quien apuesta sus fichas sobre el misterioso y aparentemente muy poderoso Paul Atreide. Yo, por el momento, conservare a Anakin en el trono del Emperador. Esperemos a ver qué pasa en la siguiente entrega.


Autor: 
Carlos Marco Arata García-Rosell

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