Review - Venom: Let There Be Carnage

 La cinta puede ser superior a su predecesora, pero aún tiene muchas fallas para considerarla una película destacable


Las películas, series y animaciones basadas en superhéroes son, en la actualidad, tan comunes como lo fueron los héroes de acción a inicios de los 90. Desde famosos enmascarados como Spider-Man, hasta algunos que jamás creímos ver en la pantalla grande, como Deadpool, tienen actualmente una o varias películas bajo el brazo. Todo gracias al innegable éxito del Universo Cinematográfico Marvel.

Pero así como personajes como Los Guardianes de la Galaxia y Shang-Chi ganaron una nueva legión de fanáticos, y otros como el Capitán América e Iron Man consolidaron la suya; existen también otros en un punto medio. Personajes que ya eran conocidos por muchísimos seguidores de los cómics, pero que aún no eran megaestrellas. Un claro ejemplo de esto es el Protector Letal de San Francisco: Venom quien regresa con Venom: Carnage Liberado.

Encontrarse en ese pequeño limbo que mencioné más arriba no es necesariamente algo malo. Venom ya tenía un cierto nivel de fama, pero ya que su universo y legado no habían sido tan explorados también traía consigo libertad para que los actores, escritores y director moldearán su pequeña sección del mundo a su gusto. Lamentablemente, el resultado fue una primera cinta duramente criticada por la prensa debido a su ineficiente humor, personajes poco desarrollados y una trama muy irregular. A pesar de ello, la audiencia no abandonó al buen Eddie Brock y actualmente Venom cuenta con más de 80% de aceptación de los fans en webs como Rotten Tomatoes, contrastando duramente con el 30% o menos de aceptación de los críticos especializados.

Es en esta extraña situación en la que el director Andy Serkis se une con el actor principal Tom Hardy para no solo traer de vuelta a Venom, sino también introducir a su némesis más emblemático: Carnage.




Venom: Carnage Liberado (Let There Be Carnage en inglés) es una secuela directa al largometraje del 2018. Nos reunimos con el reportero Eddie Brock (Tom Hardy) y su compañero simbiótico, el alienígena Venom, viviendo juntos y compartiendo el mismo cuerpo. Tal como vimos en la escena post créditos de la original, esta segunda aventura inicia cuando el asesino serial Cletus Kassady (Woody Harrelson) llama a Brock para una entrevista exclusiva.

Kassady, alias del malévolo Carnage, es un personaje llamativo y es bien interpretado por Harrelson. Sin embargo, este asesino serial nunca ha sido complejo ni profundo en los cómics y la forma en que la cinta trata de darle más capas termina por ser contraproducente. En los cómics, y en cualquier otro tipo de media este villano es una “Fuerza de la Naturaleza” sediento de sangre que mata por diversión y en grandes cantidades. Cletus no necesita una razón para tomar la vida de alguien más allá de las ganas de hacerlo; pero en esta historia vemos dos detalles que van en contra de esa naturaleza tan básica pero efectiva.

En primer lugar, durante la casi hora y media que dura la trama, la gente que es asesinada por Kassady se puede contar con los dedos de una sola mano. La película sufre al tratar de explicar la esencia de su maldad a través de palabras, traumas y algunos flashbacks a su niñez en lugar de mostrarlo haciendo lo que mejor sabe hacer, seguramente por el rating PG. Hasta pareciera por ratos que Serkis y su equipo quieren que sientas cierta simpatía por alguien que en el fondo no tiene ninguna cualidad redimible. El personaje de Carnage termina atrapado en ese terreno “tibio” entre ser un demonio a temer y una víctima de las circunstancias, dando como resultado un rival desechable o un “monstruo de la semana” que ha perdido sus colmillos y que, guiado por un errado intento de profundidad, ha sido convertido en una suerte de inestable romántico empedernido cuyo mayor logro es verse bien tras su “traje” generado por computadora.

Por otro lado tenemos a Eddie Brock, nuevamente interpretado por Tom Hardy, y a Venom, también con la voz de Hardy, quienes son los indiscutibles protagonistas de esta aventura. Esta versión del antihéroe de Marvel mantiene las mismas características que lo hicieron resaltar en la entrega pasada: Un humor juvenil, que bordea constantemente con lo ridículo, y una extraña inocencia que complementa su agresiva personalidad haciéndolo ver por ratos como un niño hiperactivo y desobediente.


Es aquí donde debo decir que “Si te gustó la primera” te agradará el estilo de esta secuela. Sí, Venom sigue siendo un enorme parásito musculoso con cientos de colmillos y fuerza descomunal, pero en el fondo es el mismo payaso con un estilo del humor que, si bien tiene una que otra broma acertada, te hará girar los ojos más veces de las que te robará una carcajada. Con esto dicho, el factor diversión depende mucho del gusto de cada quien, y estoy seguro que habrá varios espectadores que se reirán mucho más de lo que yo lo hice en la sala de cine. Después de todo, hay una razón por la cual Adam Sandler sigue haciendo comedias o “Asu Mare” tiene tan buena aceptación.

Los chistes malos (y unos pocos buenos) no paran en Venom: Carnage Liberado, contrastando fuertemente con la idea de un peligroso asesino serial enfrentando a un héroe novato, ambos armados con el poder de temibles criaturas alienígenas. Este Venom no se parece a ningún otro que haya visto antes en cómics, animaciones o videojuegos. Sé muy bien que el alienígena de la especie klintar siente preocupación y apego por Eddie, pero nunca lo habría imaginado llegando al punto de darle consejos para reconquistar a su ex-esposa o preparando el desayuno.

Y ya que la menciono, Anne Weying también vuelve, interpretada por Michelle Williams. Su principal función es la de ser un apoyo emocional para Brock y ayudarlo a enmendar ciertos problemas en su verdadera relación, aquella con el alienígena. Si bien por momentos se le quiere usar como interés amoroso del héroe, la verdad es que el personaje de la “Ex-esposa en una relación feliz y sana con una persona mucho más estable” no sirve para ese propósito y termina por convertirse en damisela en peligro y un elemento cómico más. Este último detalle sale a relucir al ver su relación con Venom a quien trata de forma directa, sin miedo ni respeto, como si tan solo se tratara de un amigo irresponsable de su ex-esposo y no un temible parásito de otro planeta.

A este trío se suman los personajes de Shriek (Naomie Harris) interés amoroso de Cletus que tampoco puede decidirse si quiere ser una villana o una víctima; el doctor Dan Lewis (Reid Scott) actual esposo de Anne y quizás la única persona cuerda del grupo y el detective Mulligan (Stephen Graham) quien como policía trata de mantener cierto nivel de seriedad en sus apariciones. De todo este cast, en mi opinión, solamente Eddie Brock y Venom logran tener aunque sea un mínimo nivel de desarrollo y crecimiento como héroes y compañeros. Curiosamente es la relación entre ambos la que Serkis está más interesado en desarrollar dejando a los demás en segundo plano para presentar este “bro-mance” que si no fuera por sus malos chistes hasta diría que es simpático.




Y es aquí donde debo resaltar el mayor problema de Venom: Carnage Liberado. Gracias a su casi total falta de desarrollo de personajes, villanos que no parecen tener clara su identidad ni lo que quieren lograr y absoluta inconsecuencia en su trama para cualquier posible continuación, esta secuela se convierte en el equivalente cinematográfico de un capítulo al azar de una serie animada de aquellas que colocan al protagonista contra un villano semanal cuya única función es darle un rival a quien golpear antes de rodar los créditos.

Si hay un aspecto en este largometraje con el cual puedo decir que estoy contento son las escenas de acción. Aunque son muy pocas, recuerdo tan solo 3 de ellas, las peleas son muy superiores a las de su predecesor. Tanto Venom como Carnage se ven muy bien al usar sus trajes alienígenas y la coreografía de cada enfrentamiento está mucho mejor ordenada y planificada que aquella pelea entre trozos de plastilina que vimos en el duelo contra Riot. Carnage, en toda su gloriosa monstruosidad generada por computadora, se ve excelente y cuando genera todos sus tentáculos aserrados tiene una presencia imponente. Creo que si el resto de la trama estuviera mejor estructurada y presentara de una manera más clara la motivación de cada rival; estos combates hubieran sido una gran forma de cerrar cualquier conflicto. Se nota claramente que Serkis conoce cómo manejar los gráficos generados por computadora de una manera atractiva, estilizada y sobre todo entendible.

Desafortunadamente, aún si se trata de la historia de un antihéroe violento y monstruoso, una película de cómics no puede depender enteramente de sus peleas. Como ya lo hemos visto en la gran mayoría de entregas de Disney/Marvel o en otras más antiguas como X2: X-Men United o Days of Future Past, una confrontación es solo tan grande o importante como lo son las razones detrás de ella y lo que llevó a cada bando hacia el duelo. La clásica relación entre Venom y Carnage tiene muchísimos años de historia, eventos y conflictos de los cuales los escritores de esta cinta pudieron inspirarse; pero al centrarse únicamente en continuar desarrollando la cómica relación entre Eddie y el alien, la importancia del personaje de Cletus Kassady, el mayor némesis del protagonista, es totalmente ignorada. Es cierto que Carnage no es un personaje muy profundo ni complejo, pero siento que al tratar de darle esa profundidad de manera equivocada se termina por perder aquella esencia que lo hace tan popular.

La cinta puede ser superior a su predecesora, pero aún tiene muchas fallas para considerarla una película destacable. Solo espero que los equipos de Sony y Columbia Pictures aprendan de sus errores rápidamente pues, si nos guiamos por la escena post-créditos, lo que se viene es algo grande y no querrán echarlo a perder.

 

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