Reseña: Manco Capac

Manco Capac: Poderoso Representante. Austera, directa y comprometida con lo social, estará sin dudas incluida dentro de la nómina de las mejores películas peruanas elaboradas en los últimos años


Escribe: Carlos Arata

La leyenda dice que Manco Cápac y sus cuatro hermanos salieron de la ventana de Capatoco y, luego de una ardua travesía en la cual únicamente sobrevivieron él y Mama Ocllo -su hermana y esposa- hallaron tierras fértiles y se asentaron en lo que hoy conocemos como Cuzco. Una metáfora parecida a lo vivido por Henry Vallejo y su nueva película, “Manco Cápac: Poderoso Jefe”, una producción que se hizo y deshizo múltiples veces dados los infortunados hechos que sufrieron durante casi diez años de rodaje.

Sin embargo, el proyecto finalmente se culminó y el titánico esfuerzo parece haber rendido frutos, dado que la película del cineasta puneño ha sido considerada entre las posibles nominadas al Mejor Óscar Extranjero. Una categoría del máximo galardón del cine que solo ha tenido a “La Teta Asustada” de Claudia Llosa como el único representante peruano en toda la historia. Ahora toca esperar y ver: ¿logrará “Manco Cápac” superar la barrera y convertirse en la segunda cinta peruana en lograr la nominación?




La historia narra la epopeya de Elisbán, un joven que llega desde su pueblo a la ciudad de Puno con la intención de encontrar a Ermógenes, su amigo del colegio, quien le comentó de posibilidades de trabajo. Sin embargo, al llegar a su casa le comentan que Ermógenes ha salido de viaje, y es incierto cuándo volverá. Sin un solo sol con el cual comer, sin techo bajo el cual dormir y sin algún conocido a quien acudir, Elisbán se ve obligado a buscarse la vida de manera honrada y sobrevivir con lo que pueda conseguir. En el camino sufre la indiferencia y el desprecio de una ciudad cuyos habitantes ya tienen demasiado que cargar en su propia mochila; abunda el individualismo y escasea la solidaridad.

Resulta además que nuestro protagonista es muy joven e inocente, exasperantemente tímido, pero también noble y sensible; por tanto, no hay en él una lucha tanto contra el otro, sino una lucha contra su propio destino. El tiempo no lo ha curtido aún lo suficiente, no lo ha sacado de su capullo, persiste en él la esperanza de que las cosas serán mejores, y se lo confirma cada gesto de bondad que esporádicamente encuentra, como la señora que le invita almuerzo cada vez que no tiene dinero.



La narración es minimalista en el sentido de que no hay escenas que se interesen en mostrar una estética elaborada o la construcción muchas veces necesaria de un ambiente complementario, determinado por una paleta de colores y por tomas que exalten una u otra cosa. Toda escena y toda toma están dedicadas a construir únicamente el camino que va recorriendo Elisbán en su búsqueda de comida, techo y trabajo. Esto no significa que no haya en la película tomas que muestran el universo que habita el personaje. De hecho, una de las grandes virtudes de la cinta es su ingenio para situar cada uno de los hechos en sus específicos escenarios y complementarlos con el arte de la cámara. Un par de ejemplos: la escena en la que un barrendero bota a patadas a un Elisbán dormido en el piso detrás del mostrador que ha ido a limpiar, y las tomas hacia el final en las que Elisbán se asienta en un bote abandonado a orillas del Titicaca, cumplen ambas con desarrollar la historia, situar los sucesos en un escenario ingenioso o atractivo, y emplear la cámara de la manera más provechosa posible.

Finalmente, la película tiene un especial impacto al traspasar al terreno de la metanarración en la escena en la que Elisbán ve en un poste el anuncio de un cásting en el que buscan a “Elisbán”, y cuya descripción de personaje describe perfectamente al protagonista que estamos viendo en pantalla. Se sugiere así el paralelismo entre la historia de Jesús Luque, el actor que encarna a Elisbán, y la historia que se está presenciando. Esto tiene un propósito que va más allá de lo creativo; al anunciar así que la historia es básicamente una narración de lo vivido y de lo real. Esto tiene un propósito que va más allá de lo creativo; al anunciar así que la historia es básicamente una narración de lo vivido y de lo real, el espectador se sumerge en hasta el nivel de la representación. Se le dice, en otras palabras, que ellos estuvieron ahí, en ese mundo, y que el personaje es tan real como ellos.



Hay pocas películas que hoy en día tienen el lujo de decir que no desperdician ni un segundo de su duración en engatusar al espectador con los grandes trucos de magia que actualmente puede desplegar la industria del cine. “Manco Cápac: Poderoso Jefe” es precisamente una de esas películas. Austera, directa y comprometida con lo social, estará sin dudas incluida dentro de la nómina de las mejores películas peruanas elaboradas en los últimos años. Y como siempre, cuando una obra de arte se hace con amor, resuena con la verdad. 

Vayan a verla antes de que Spiderman tome el control de todo.


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