Autoerótica: Un mundo real, una historia genuina

La película llega hoy a cines



En los círculos artísticos del Perú corre una frase de boca en boca con bastante frecuencia: “el arte en el Perú es la última rueda del coche”. Hay muchas razones por las cuales se ha cimentado esta perspectiva sobre el rol del Estado Peruano en la difusión de su cultura. Sin embargo, no es nuestro propósito ahondar el día de hoy en ello. Tendríamos que sin duda abordar otras ya bien conocidas “últimas ruedas”: la educación sexual integral, la planificación familiar, los derechos lgbtq+, el cuidado medioambiental, y una larga lista de etcéteras.

Sobre una de estas últimas ruedas se basa “Autoerótica”, el primer largometraje narrativo dirigido por la cineasta peruana Andrea Hoyos. La película, antes de su estreno, ya ha cosechado una serie de nominaciones que dan cuenta de su alto perfil cinematográfico. La Asociación Peruana de Prensa Cinematográfica (APRECI) la nominó en cuatro diferentes categorías: Mejor Película, Mejor Guión, Mejor Actriz Principal y Mejor Actriz de Reparto. Filmada en distintas y emblemáticas zonas de la clase media limeña, como la Residencial San Felipe, zonas de la Costa Verde y Barranco, la película nos narra la historia de Bruna Gámez (Rafaella Mey), una adolescente de quince años que atraviesa su propio despertar sexual y que, a través de una aplicación de citas en internet, y bajo su seudónimo - “Autoerótica” -, se encuentra con una experiencia que supera sus límites y pone a prueba su resiliencia y su identidad.




El mayor logro de esta película, y algo que en mi opinión es poco característico de la cinematografía peruana independiente, es que la estructura narrativa sea limpia, clara, sin tratamientos intelectuales ni adornos técnicos; sin floro, como diríamos nosotros, los mortales. Carecen las palabras, pero es que Hoyos sabe narrar a través de las imágenes que cuidadosamente elige y pone frente a nosotros. Reduce el trabajo del espectador y responde sin rodeos a nuestras dudas. Las relaciones están claras; la mejor amiga con quien a veces no se entiende (Micaela Céspedes), la madre que saca de quicio a la hija con sus interminables líos de pareja (Wendy Vásquez), el nuevo novio de la madre que no despierta ninguna simpatía (Beto Benites), el chico guapo de internet que lleva a Bruna a la tentación (Renato Rueda). Naturalmente, a la media hora de la película, ya está claro que tendremos que lidiar con una situación delicada, que tiene solo dos posibles vertientes: la resignación o la lucha. Y Bruna elige luchar. Una decisión que lleva a la película por senderos que el espectador ya imagina, y que (dependiendo de la historia personal del espectador) podría ser capaz de predecir, pero que no por ello queda protegido frente a la ejecución de la historia. Algunas escenas cuentan con algo de sobreexposición, probablemente una licencia de la directora para prolongar el torbellino de emociones que atraviesa la protagonista y que es capaz de transmitir a través de una gestualidad por muchos ratos pétrea, pero con una mirada intensa y consternada. Algunas veces el diálogo de Bruna se pierde por su bajo volumen y por los sonidos ambientales, y tal vez ese sea el único traspié técnico de la obra.

Como he mencionado anteriormente, la historia es un cuento que ya conocemos muy bien, en especial en el Perú. De hecho, toca una problemática que nos concierne a todos como sociedad y cuyas causas y consecuencias se vienen estudiando desde hace años desde múltiples ángulos. Sin embargo, y como también he dicho, no por ello deja de ser única la historia de Bruna, de la misma manera que las millones de historias de embarazo adolescente en el Perú son únicas. El mundo que Hoyos abre frente a nosotros es un mundo que cuenta hoy en día con perspectivas actuales; sororidad, lazos de amistad, un contacto no supervisado con las redes sociales, el aborto. Bruna se abre paso a través de todo esto y comienza a deconstruir el mundo fantástico que había habitado tan solo horas o días atrás, y sobre las ruinas de ese mundo comienza a construir uno nuevo, real, basado en el aprendizaje de que cada acción tiene una reacción, cada palabra un efecto, cada causa una consecuencia. El personaje de Bruna es un personaje por un lado desdichado, y por otro resulta muy afortunada; se pierde entre los peligros de un despertar sexual prematuro y aventuresco, pero es acompañada por ese camino por mujeres que responden positivamente ante su crisis y que le manifiestan un apoyo que supera los límites convencionales de la intimidad. Las muchachas hacen de esa crisis, una crisis también de ellas. Es destacable, por otro lado, la relación de Bruna y su madre construída en el guión.  Si bien contiene esa cercanía característica madre-hija, en muchos planos Brenda y ella están muy distanciadas; Bruna no la ve a ella como un ejemplo, y decide guiarse a sí misma en aguas peligrosas y desconocidas. Su madre, a pesar de su edad, parece (bajo la percepción de Bruna) estar atrapada desde hace años en los mismos vicios y errores sentimentales. Una aparente dicotomía entre madre e hija que, al final de la película, parece cerrarse, o mas bien complementarse, como dos caras de una misma moneda.




“Autoerótica” es una de las películas más destacadas del Cine Peruano en los últimos años. Una obra de arte que augura un gran futuro para las personas que la ejecutaron e hicieron realidad. Pero además, y sobre todo, una piedra de doce ángulos en la construcción de una más amplia perspectiva de género en un país que lo necesita desesperadamente. Esperemos que más obras así estén en camino.

Escribe: Carlos Arata

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