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Reseña: La Chica Salvaje

Basado en el best seller del mismo nombre, ya puede encontrarse en cines

Escribe: Carlos Arata

“La Chica Salvaje”, titulada en inglés “Where the Crawdads Sing”, es una de las últimas producciones cinematográficas en alcanzar la pantalla grande en el Perú, y definitivamente una de las adaptaciones al séptimo arte de un libro más logradas en cuanto a composición visual y propuesta narrativa. Basada en el libro del mismo nombre, escrito por Delia Owens, dirigida por Olivia Newman, producida por la actriz Reese Witherspoon y cuya música fue compuesta por Taylor Swift, es en síntesis una de las grandes abanderadas del cine realizado por mujeres.

Esta película sigue el formato de la ya clásicamente americana novela de misterio, y nos cuenta todos los incidentes alrededor de un asesinato que tiene lugar en un pueblo de Carolina del Norte rodeado por un pantano. Todo apunta a que la culpable de esta muerte es nada más y nada menos que “la chica salvaje”, una mujer que vive a las afueras del pueblo, en el pantano, lugar donde también ocurrió el asesinato. Lejos de desear averiguar la verdad de lo sucedido, el pueblo entero parece contentarse con la idea de declarar culpable inmediatamente a la chica salvaje, cuyo nombre real es Kya (Daisy Edgar-Jones), quien debido al lugar en el que está localizado su hogar ha sido siempre una paria -  discriminada e incluso odiada por los pobladores, con excepción de algunos casos notorios. Lógicamente hay mucho más detrás de esta chica que lo que se rumorea en el pueblo, o al menos eso intentará probar Tom Milton (David Strathairn), el abogado que ha tomado la defensa de Kya voluntariamente. 



La película trata del subsiguiente juicio que se le hace a Kya por el asesinato de Chase Andrews (Harris Dickinson), y a través de un gran flashback narrado por Kya personalmente, nos muestra su historia desde que era niña. El espectador entonces escucha la coartada de Kya mientras en la película se resiste a hablar contra toda autoridad, incluso con su propio abogado, una persona cuyos deseos son evidentemente y exclusivamente buenos. Sabemos de esta manera que fue víctima de episodios de violencia familiar en su infancia de la mano de su padre (Garrett Dillahunt), un veterano de guerra con evidentes signos de trastorno postraumático. Debido a esto, Kya resulta testigo de cómo toda su familia, uno por uno y empezando por su madre, se marchan del pantano buscando un mejor lugar para vivir. Finalmente incluso su padre la abandona, y a ella no le queda otra opción más que vivir sola y descubrir cómo subsistir de sus alrededores. 

A pesar de todo, no es una mujer ajena al contacto exterior con otras personas. Esto lo demuestra su amistad con Jumpin’ (Sterling Macer Jr.) y Mabel (Michael Hyatt), pareja de esposos cuya tienda está situada en el borde del pueblo que da al pantano. Pronto conoce a Tate (Taylor John Smith), con quien tiene un primer acercamiento al amor. Sin embargo, un día Tate abandona el pueblo y falla en conservar la promesa que le hizo a Kya de volver, lo cual le da una de las lecciones más dolorosas sobre los seres humanos a la protagonista de la historia. Entender a los animales y sus comportamientos, al pantano y sus aguas, al bosque y su flora, parece infinitamente más sencillo. 

Eventualmente conoce a Chase, quien también se acerca a ella inicialmente con intenciones románticas. Al poco tiempo, sin embargo, Kya descubre que el muchacho está comprometido, y decide apartarlo de su vida. Chase, sin embargo, tiene otra opinión sobre el asunto, y se transforma en un violento sujeto con un ímpetu inescrupuloso de hacer de Kya básicamente el objeto de su deseo. Ella, quien a partir de su constante e interminable observación del mundo natural alrededor suyo, no tarda en darse cuenta de que está frente a un depredador que no se detendrá hasta tenerla entre sus fauces.



De esta manera Kya básicamente e inintencionalmente nos sugiere que Chase se buscó al final su merecido. A lo largo del juicio, por otro lado, se van presentando evidencias en menor o mayor medida comprometedoras para Kya, como la hebra roja hallada en el cuerpo de Chase, proveniente de un gorro de lana que fue encontrado en casa de ella durante las investigaciones. Se presentan, por el otro lado, justificaciones muy convincentes de su inocencia; como por ejemplo el hecho irrefutable de que, en la noche que sucedió el asesinato, ella estaba en otro pueblo presentando un libro suyo de las especies de ave del pantano, versión respaldada por el editor del libro. Todos estos datos son evaluados por un juzgado proveniente del pueblo que toda la vida la vio como una “otra” y que ahora clama por su sentencia equivalente - la cual, en los distantes años 70, constituía pena de muerte.

Respaldada por Tom Milton, por los fieles Jumpin’ y Mabel, por un Tate que terminó por volver a su primer amor, por su hermano que abandonó el hogar ante la violencia y volvió hecho un soldado del ejército, Kya le hace frente a este sistema judicial que depara lo peor para ella. Y créanme, queridos lectores, que el desenlace de este misterio resulta probablemente la mejor parte de esta historia, y cuyo posicionamiento sobre la narración y la composición visual y musical de este momento hacen de “La Chica Salvaje” una experiencia que vale la pena tener. Recordemos que el cine, y en general el arte, está en este mundo para traernos estas experiencias, para poner una y otra vez frente a nuestros ojos aquello que llamamos “la verdad”. Lima Vaga recomienda esta película.


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